1. Dieta de Restaurante

    Dieta de Restaurante

    Muchas veces se vive lejos de la oficina y la jornada partida nos obliga a tener que comer fuera de casa. Algunas se apuntan a llevarse el Tupper porque disponen de un microonda en la oficina. Pero, hay otras que no les queda otro remedio que comer un restaurante cercano a donde trabajan. A continuación te damos algunos consejos para que aprendas a comer en el restaurante de una manera sana y equilibrada.

    • Es importante que alguno de los platos principales del menú esté formado por verduras, bien como ingrediente de primeros platos, bien como guarnición de segundos.

    • Las ensaladas son también una opción muy saludable. En cuanto al aliño, puedes utilizar aceite de oliva virgen (sin abusar) y, también como aderezo, el limón.

    • Para no llegar con demasiada hambre procura beber dos vasos de agua antes de la comida. Saciarás en parte tu apetito, por lo que comerás menos cantidad.

    • Una vez hayas empezado a comer, puedes seguir con agua o con una copita de vino.

    • Siempre que sea posible, intenta comer a la misma hora. Hazlo despacio y masticando bien los alimentos.

    • Evita siempre que sea posible las comidas rápidas. Si no queda más remedio y acudes a estos establecimientos, opta por otras opciones como las ensaladas.

    • En cuanto al pan, una pieza será suficiente.

  2. El mero, un alimento ideal para cuidar tu silueta

    El mero, un alimento ideal para cuidar tu silueta

    Este elegante pescado, es famoso por su carne fina, suave y sabrosa. Pero no todo se queda en el gusto, sino que también es un alimento clave en la dieta porque contiene un elevado nivel de nutrientes.

    El mero aporta a la dieta proteínas de gran valor biológico, también es rico en vitaminas así como en sales minerales. Y es un gran aliado para todas aquellas que quieran mantener su dieta ya que tiene un discreto aporte calórico (86 calorías por cada 100 gramos)

    Pero, este pescado no sólo es el alimento ideal de una perfecta dieta hipocalórica, sino que también es perfecto para personas que padecen problemas de estomago porque es de fácil digestión, así como también es muy adecuado para las personas que tienen el colesterol elevado.

    Consejos para su compra

    • Es recomendable comprarlo fresco, ya que de esta manera preserva su elevado potencial nutritivo. Evita los congelados o ahumados.
    • Cuando vayas al mercado, fíjate que esté fresco, lo sabrás por su olor y su aspecto, es decir la consistencia de la carne, el brillo de los ojos, piel y escamas, así como el color rojo de sus branquias.
    • Si vas a consumirlo al día siguiente, es recomendable que lo coloques en la parte más fría del frigorífico.
    • No olvides envolverlo en papel albal para evita que su olor se transmita a otros alimentos del frigorífico.


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  3. Cuida tu línea: ¡hazte con un wok!

    wok: cocina sana y baja en calorías

    ¿Si todavía no tienes un wok, a qué esperas para hacerte con uno? Tal vez te preguntes el porqué, pues toma nota: 
    Este utensilio, procedente de China, no es más que una sartén que puede ser usada como olla y que te permite cocinar los alimentos ¡sin apenas grasa pero con mucho más sabor! Con el wok puedes hacer de todo: freír, cocinar al vapor, saltear… ¡lo que se te ocurra! Aprende a utilizarlo para comidas bajas en calorías.

    Para cocinar al vapor

    La forma más sencilla es coger un bol e introducirlo en el wok para que soporte el calor. Poner encima un plato hondo con los alimentos y taparlo.

    Para saltear

    Lava los ingredientes y córtalos en pequeños trozos. Aderézalos con sal, pimienta o los condimentos que quieras.
    Cuando el wok esté caliente, vierte dos cucharadas soperas de aceite de oliva, moviendo el recipiente para que cubra también las paredes, (verás que la forma del wok permite un fácil manejo). Calienta el aceite y después echa los alimentos. Remueve continuamente y cuando estén hechos déjalos reposar en el centro para que queden crujientes.

    Para cocer y freír

    No dudes en utilizar el wok para cocer como si fuera una cacerola tradicional.
    La mejor manera de reducir la cantidad de grasas es añadir al principio una o dos cucharadas de aceite de oliva.
    Si quieres freír, llénalo de aceite de oliva hasta la mitad. Corta los alimentos en trocitos y sécalos bien antes de echarlos para que no salten. Déjalos unos minutos hasta que estén dorados y… ¡listo!